martes, 4 de septiembre de 2012

Clase 3 EL VERNIX Y EL CUIDADO DE LA PIEL DEL R.N

Los bebés nacen cubiertos de una especie de grasa blanca, parecida al queso cremoso o a la manteca: el vérnix caseoso. Consiste en una mezcla de secreciones grasas procedentes de las glándulas sebáceas fetales y de células muertas que se van desprendiendo de la epidermis fetal. El vérnix recubre la superficie del bebé durante el tercer trimestre de gestación, y cumple numerosas funciones beneficiosas para el bebé en su etapa intrauterina y en su adaptación a la vida extrauterina.

Uno de los procedimientos habituales en muchos hospitales es bañar inmediatamente al recién nacido, o limpiar su piel vigorosamente. Esta práctica procede de la creencia de que el vérnix es algo “sucio”, un desecho del proceso del parto que, como la sangre, las heces, el meconio o el líquido amniótico, se debe retirar y eliminar, para presentarle a la madre un bebé “limpio”, a veces incluso vestido, repeinado y bañado en colonia infantil.

Entre otros investigadores, el Dr. Hoath y sus colaboradores del Skin Sciences Institute, Cincinnati Children’s Hospital Medical Center (Instituto de Ciencias de la Piel de Cincinnati, Estados Unidos), han estudiado la composición y las propiedades del vérnix, así como su función en la adaptación del recién nacido a la vida extrauterina y a un entorno seco. Hoath, que lleva más de una década estudiando la piel de los recién nacidos, considera que, en lugar de tratar el vérnix como un desecho, deberíamos apreciar sus cualidades únicas, ya que se trata de un limpiador natural de la piel, además de una sustancia protectora frente a las infecciones, antioxidante y con propiedades curativas frente a posibles heridas. Por todo ello, Hoath aconseja que, en vez de limpiar para quitar el vérnix, se extienda suavemente por toda la piel del bebé, que lo absorberá de forma natural.

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